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Las implicaciones de la alimentación en el trabajo

Una buena o mala alimentación en el trabajo afecta directamente a la productividad

La mayor parte de nuestro tiempo lo pasamos en el trabajo. Al día le dedicamos entre un tercio y la mitad de nuestro tiempo, por lo que se hace difícil concebir una vida saludable sin unos hábitos saludables en el trabajo. Pero más allá de los beneficios que estos hábitos reportan a la salud de las personas, es importante remarcar sus implicaciones directas en la productividad.

La alimentación influye tanto en el rendimiento físico como intelectual y, por tanto, una ingesta equilibrada y con la frecuencia adecuada en el trabajo ayuda a mantener el nivel de energía necesario para desarrollar las tareas exigidas durante toda la jornada. Aquí es importante matizar que no todos los trabajos requieren la misma alimentación, pudiendo diferenciar dos grandes tipologías: trabajo físico y trabajo mental, aunque existen casos que pueden combinar ambos tipos. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), un 20% de los empleados puede aumentar su productividad siguiendo una alimentación saludable.

Si hasta hace relativamente poco las empresas se centraban en evitar accidentes laborales, a lo largo de los últimos años su interés y preocupación por la salud y los hábitos de sus empleados ha ido creciendo. Una buena alimentación influye en el rendimiento de los trabajadores ya que afecta de forma directa a su capacidad y concentración. Según el Portal de Promoción de la Salud en el Trabajo del Gobierno de España, “promover hábitos alimentarios saludables en la empresa es bueno tanto para el trabajador (mejor salud, más rendimiento) como para la empresa (mayor productividad, menor absentismo)”. Este mismo organismo refleja que tener un índice de masa corporal (IMC) superior a 30 genera grandes costes para las organizaciones. En Canadá, por ejemplo, se estima que el sobrepeso genera entre un 1,61 y un 1,74% más de absentismo.

Pero tengamos en cuenta, además, que no es solo lo que comemos, sino cómo lo comemos. Uno de los errores más frecuentes, detectado en muchos países, es el fenómeno llamado SAD, stuck at desk, es decir, comer en la propia mesa de trabajo. Este mal hábito, no facilita la desconexión ni la relajación de los empleados, por lo que afecta directamente al rendimiento. Aunque haya mucho trabajo, los empresarios deberían incorporar un descanso a media mañana y otro a la hora del almuerzo.

Para fomentar unos buenos hábitos entre los trabajadores, las empresas deberían incluir un programa sobre hábitos alimentarios saludables orientados en dos direcciones:

  • Poner los recursos necesarios para mejorar sus hábitos saludables. Muchas organizaciones tienen máquinas dispensadoras de refrescos y bebidas azucaradas; un buen cambio sería sustituirlas por agua y fruta.
  • Promover y hacer pedagogía sobre la importancia de la alimentación. Muchas de las malas conductas que se dan entre los trabajadores evidentemente parten de sus propias elecciones. Los desayunos de poca cantidad, las comidas copiosas y un largo etcétera generan somnolencia y un menor rendimiento físico y mental.

Food at work”, un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), explica cómo las comidas saludables no deben considerarse un lujo sino que son fundamentales para la salud, el estado de ánimo y la eficacia de los trabajadores. Además, según la OIT, “las inversiones empresariales en alimentación se recuperan al reducirse los días de enfermedad, los accidentes laborales y por un aumento de la productividad”.

En España, empresas como Nestlé o Campofrío son dos buenos ejemplos en la implantación de estrategias para integrar la salud en la cultura de la empresa. Nestlé ofrece formación a sus empleados con el objeto de mejorar su calidad de vida mediante una alimentación sana. En el caso de Campofrío, la empresa lleva a cabo un plan para promocionar la salud entre los trabajadores y sus familias.

Por nuestra parte, en Montaner&A predicamos con el ejemplo y promovemos estos hábitos saludables entre nuestros empleados orientando nuestra estrategia en las dos direcciones antes señaladas (recursos y concienciación). Sabemos que somos lo que comemos, y trabajamos como comemos.