Definir los valores de una empresa es relativamente sencillo; lograr que se vivan cada día, no tanto. Trabajar los valores corporativos es una de las tareas más complejas de cualquier organización. Por un lado, porque en ocasiones se quedan en un cuadro decorativo en la recepción, sin calado real. Por otro, porque las empresas están en constante cambio: rotación de personal, crecimiento de plantillas, multiculturalidad y reajustes de equipos. Esta realidad hace necesario refrescar y trabajar de forma constante esos principios fundacionales.
Después de más de 50 años acompañando a empresas en su estrategia de personas, vemos que el riesgo casi siempre es el mismo: que la operativa diaria, lo «urgente», relegue a un segundo plano lo «importante». Lograr que los equipos hagan suyos los valores solo resulta sencillo si la Dirección General lo asume como tarea propia y como base para que la compañía alcance sus objetivos de negocio y su propósito empresarial.
¿Qué son los valores de una empresa?
Los valores de una empresa, también llamados valores corporativos o empresariales, son los principios que guían cómo actúa la organización y cómo se toman las decisiones en ella. Son, en el fondo, principios de vida y de funcionamiento: aquellas convicciones que guían las actuaciones de cualquier persona o empresa. La perdurabilidad de una compañía no depende de su edad, sino de su trayectoria y de ser fiel a estos principios.
Los valores suelen nacer de las personas que crearon la empresa, permitiendo aglutinar a otros profesionales que creen en lo mismo. Sin embargo, a medida que una organización crece, estos valores corren el riesgo de diluirse a través de las estructuras. Es ahí donde reside la diferencia: en el esfuerzo por reforzarlos, hacerlos evidentes en el día a día y atraer el talento a través de ellos. Una misión y visión definidas no se pueden llevar a cabo con unos valores cualquiera.
¿Para qué sirven los valores corporativos?
Unos valores bien definidos y vividos cumplen varias funciones:
- Orientan las decisiones: sirven de criterio cuando hay que elegir entre varias opciones.
- Dan coherencia a la cultura: hacen que equipos, sedes y departamentos trabajen con una misma referencia.
- Atraen y retienen talento: las personas se quedan donde se sienten identificadas con la forma de trabajar.
- Sostienen a la empresa en los momentos difíciles: son el ancla cuando llegan las crisis y los cambios.
Ejemplos de valores de una empresa
No hay una lista cerrada, y copiar la de otra empresa no funciona: cada organización debe elegir los suyos. Estos son algunos de los valores corporativos más habituales, como punto de partida:
- Respeto: trato digno y escucha hacia compañeros, clientes y proveedores.
- Compromiso: implicación con los objetivos de la empresa y con las personas del equipo.
- Responsabilidad: asumir las decisiones y sus consecuencias, hacia dentro y hacia fuera de la organización.
- Calidad: hacer bien el trabajo y cuidar el resultado final.
- Transparencia: comunicar de forma clara y honesta, también cuando las noticias no son buenas.
- Trabajo en equipo: colaborar entre áreas para lograr objetivos comunes.
- Innovación: buscar mejoras y atreverse a probar otras formas de hacer las cosas.
- Orientación al cliente: poner las necesidades de quien recibe el servicio en el centro de las decisiones.
Lo importante no es el nombre, sino que cada valor se traduzca en comportamientos concretos que se puedan ver en el día a día.
¿Cómo definir los valores de una empresa?
Antes de ponerlos en práctica, hay que decidir cuáles son. Algunas pautas:
- Parte de la historia de la empresa: recuerda por qué nació y qué convicciones tenían las personas que la fundaron.
- Escoge pocos y concretos: una lista corta se recuerda y se puede cumplir; una larga acaba en el cuadro de la recepción.
- Cuenta con las personas: contrasta la propuesta con la plantilla para comprobar que se reconoce en ella.
¿Cómo aterrizar los valores corporativos en la realidad de la empresa?
Para que los valores pasen del papel a la acción, es imprescindible la coherencia. Estas son algunas claves para conseguirlo:
Implicación de Dirección General
Cualquier campaña interna que persiga un calado real en la organización no solo debe estar respaldada por los máximos responsables de la compañía, sino que estos deben ser ejemplo de participación. Eso significa que la dirección integre los valores en todos sus discursos y se implique personalmente en el día a día de los equipos, visitando centros de trabajo y conociendo la realidad operativa de primera mano.
Desempeño aplicando los valores
Una buena palanca es romper los esquemas tradicionales de evaluación para crear programas que impulsen el talento. No se trata de juzgar, sino de retar a las personas de la plantilla a ser líderes de su propio desarrollo a partir de una autoevaluación de los valores corporativos. La misión de los mandos intermedios es ayudarlas a conseguir esos retos, empoderándolas dentro del grupo. Si quieres profundizar, te explicamos cómo funciona la evaluación del desempeño.
Medición del clima laboral
Es fundamental medir el calado real de los valores. Para ello, puedes adaptar las encuestas anuales de clima laboral para obtener indicadores alineados con los principios de tu empresa y saber hasta qué punto los viven los empleados/as.
Embajadores de valores reales
Identificar compañeros que representen los valores es clave, pero solo si pueden vivirlos en primera persona, compartirlos e incluso criticarlos de forma libre para adaptarlos a su jornada. Estos «embajadores» trabajan en workshops para identificar áreas de mejora y adquirir nuevos compromisos.
Elementos visuales y funcionales (gadgets)
Facilitar que los colaboradores tengan presentes los valores en sus espacios de trabajo ayuda a un refuerzo positivo no invasivo. Desde redes sociales internas y boletines de noticias hasta detalles funcionales, como tazas personalizadas con los valores corporativos, ayudan a mantener viva la esencia en los momentos cotidianos.
Los valores en tiempos de crisis e incertidumbre
Es en los momentos de crisis e inseguridad cuando realmente se vislumbra la esencia de las personas y de las empresas. Durante etapas difíciles, como la pandemia, es fácil que el foco se pierda en la urgencia por salir adelante. Sin embargo, es precisamente ahí cuando las empresas deben defender aquello que promulgaron en tiempos de calma.
Si una organización afirma que «las personas son lo primero», no puede cambiar su discurso porque suba la marea. Estas son algunas formas de reforzar los valores en momentos de incertidumbre:
- Sesiones de reflexión a distancia: organiza talleres por departamentos para identificar cómo, en una nueva realidad como el teletrabajo, siguen presentes los valores en las pequeñas rutinas.
- Gestión emocional: reconocer los valores en un entorno desfavorable es un reto emocional. Mantener una comunicación clara y transparente es la clave para que el equipo se sienta identificado con las decisiones tomadas.
- Adaptación de la cultura: acciones sencillas pero con carga simbólica, como adaptar la filosofía de la empresa a nuevas formas de trabajo (modelos híbridos), consiguen que los valores no caigan en el olvido.
La digitalización y los cambios constantes son la puerta al futuro, pero los valores son el ancla. Si logramos que los valores estén visibles y seamos capaces de reconocerlos en cualquier circunstancia, especialmente en las difíciles, el reto está conseguido. Atraer, hacer crecer el talento y avanzar a través de estos principios es la clave para que un mensaje cale, se integre y perdure. Si tu empresa atraviesa un proceso de transformación, también te ayudará repasar los tipos de cambios en la organización y cómo gestionarlos.






