Valores corporativos: del papel a la integración en el día a día

Trabajar los valores corporativos es una de las tareas más complejas de cualquier empresa. Por un lado, porque en ocasiones suelen quedarse en un cuadro decorativo en la recepción, sin calado real. Por otro, porque las organizaciones están en constante cambio: rotación de personal, crecimiento de plantillas, multiculturalidad y reajustes de equipos. Esta realidad hace necesario refrescar y trabajar de forma constante esos principios fundacionales.

En Montaner, nos enfrentamos a estos mismos retos. El riesgo es que la operativa diaria, lo «urgente», relegue a un segundo plano lo «importante»: nuestro ADN. Lograr que los equipos hagan suyos los valores sólo resulta sencillo si la Dirección General lo asume como tarea propia y como base para que la compañía alcance sus objetivos de negocio y su propósito empresarial.

¿Qué entendemos por valores corporativos?

Cuando hablamos de valores, nos referimos a principios de vida y de funcionamiento; aquellas convicciones que son la guía de las actuaciones de cualquier persona o empresa. La perdurabilidad de una compañía no depende de su edad, sino de su trayectoria y de ser fiel a estos principios.

Los valores suelen nacer de las personas que crearon la empresa, permitiendo aglutinar a otros profesionales que creen en lo mismo. Sin embargo, a medida que una organización crece, estos valores corren el riesgo de diluirse a través de las estructuras. Es ahí donde reside la diferencia: en el esfuerzo por reforzarlos, hacerlos evidentes en el día a día y atraer el talento a través de ellos. Una misión y visión definidas no se pueden llevar a cabo con unos valores cualquiera.

¿Cómo aterrizar los valores corporativos en la realidad de la empresa?

Para que los valores pasen del papel a la acción, es imprescindible la coherencia. Estas son las claves que han funcionado en nuestro plan de cultura organizacional:

Implicación de Dirección General

Cualquier campaña interna que persiga un calado real en la organización no sólo debe estar esponsorizada por los máximos responsables de la compañía, si no que éstos deben ser ejemplo de participación. En nuestro caso, la dirección integra los valores en todos sus discursos y se implica personalmente en el día a día de los equipos, visitando centros de trabajo y conociendo la realidad operativa de primera mano.

Desempeño aplicando los Valores

Hemos roto los esquemas tradicionales de evaluación para crear programas que impulsan el talento. No se trata de juzgar, sino de retar a los empleados a ser líderes de su propio desarrollo basándose en una autoevaluación de los valores corporativos. La misión de los mandos intermedios es ayudarles a conseguir esos retos, empoderándolos dentro del grupo.

Medición del clima laboral

Es fundamental medir el calado real de los valores. Para ello, adaptamos las encuestas anuales de clima laboral para obtener indicadores alineados con nuestros principios: Integridad, Disfrutar, Efectividad sostenible, Calidad y Superación.

Embajadores de valores reales

Identificar compañeros que representen los valores es clave, pero solo si pueden vivirlos en primera persona, compartirlos e incluso criticarlos de forma libre para adaptarlos a su jornada. Estos «embajadores» trabajan en workshops para identificar áreas de mejora y adquirir nuevos compromisos.

Elementos visuales y funcionales (Gadgets)

Facilitar que los colaboradores tengan presentes los valores en sus espacios de trabajo ayuda a un refuerzo positivo no invasivo. Desde redes sociales internas y boletines de noticias hasta detalles funcionales, como tazas personalizadas con los valores corporativos, ayudan a mantener viva la esencia en los momentos cotidianos.

Los valores en tiempos de crisis e incertidumbre

Es en los momentos de crisis e inseguridad cuando realmente se vislumbra la esencia de las personas y de las empresas. Durante etapas difíciles, como la reciente pandemia, es fácil que el foco se pierda en la urgencia por salir adelante. Sin embargo, es precisamente ahí cuando las empresas deben defender aquello que promulgaron en tiempos de calma.

Si una organización afirma que «las personas son lo primero», no puede cambiar su discurso porque suba la marea. En Montaner, durante los momentos de incertidumbre, reforzamos nuestra esencia de la siguiente manera:

  • Sesiones de reflexión a distancia: Organizamos talleres por departamentos para identificar cómo, en la nueva realidad del teletrabajo, seguían presentes nuestros valores en las pequeñas rutinas.
  • Gestión emocional: Reconocer los valores en un entorno desfavorable es un reto emocional. Mantener la comunicación clara y transparente es la clave para que el equipo se sienta identificado con las decisiones tomadas.
  • Adaptación de la cultura: Acciones sencillas pero con carga simbólica, como adaptar nuestra filosofía a nuevas formas de trabajo (modelos híbridos), consiguen que los valores no caigan en el olvido.

La digitalización y los cambios constantes son la puerta al futuro, pero los valores son el ancla. Si logramos que los valores estén visibles y seamos capaces de reconocerlos en cualquier circunstancia, especialmente en las difíciles, el reto está conseguido. Atraer, hacer crecer el talento y avanzar a través de estos principios es el único secreto para que un mensaje cale, se integre y perdure.

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